25.4.12
VOLVER AL FUTURO
No hay muchas maneras posibles de oponerse a la medida tomada por el Gobierno respecto a YPF.
Aun desde los sectores que históricamente han sido más críticos del actual proceso político económico en Argentina, la medida ha sido vista con buenos ojos.
Es que YPF representa para el Argentino de a pie, parte de la historia del país, parte de ese país que de a poquito nos habían empezado a sacar, y que pareciera florecer nuevamente.
Las lecturas pueden ser variadas. Es lógico que la medida afecta de manera directa, los intereses de une empresa de capital extranjero, que no supo, y muy probablemente no quiso, cargar sobre sus espaldas la responsabilidad de invertir lo necesario en nuestro suelo, a fin de garantizar el horizonte de reservas energéticas en el mediano plazo. Y por lo tanto, la artillería mediática, se focalizo en remarcar la “inseguridad jurídica para las inversiones”, las “supuestas represalias desde la comunidad internacional”, y el venidero “aislamiento global” al que el país se expone con la decisión de recuperar los hidrocarburos. Similares visiones apocalípticas surgieron de la prensa con la salida de la convertibilidad, con el canje de la deuda, con el conflicto del campo, con la estatización de las AFJP, con el control de cambios, y con la reforma del BCRA. Con el paso del tiempo, pocas son las predicciones de este tipo que se han cumplido. Por el contrario, el modelo alternativo elegido por el Gobierno, goza de buena salud, y es estudiado en universidades extranjeras bajo el nombre de “el milagro argentino”.
Lo cierto es que, ni bien anunciada la expropiación, los organismos multilaterales declararon la expropiación como un conflicto bilateral, y evitaron involucrarse políticamente.
Muy cierto es también que la expropiación se da en el marco de la Constitución Nacional y de los Tratados Internacionales, y por medio de un proyecto de ley enviado al Congreso de la Nación, lo cual enmarca el proceso de expropiación en un marco de legalidad que una y otra vez se intenta opacar y desconocer.
Pero vale recordar que la génesis de la cuestión, esta en los años 90, cuando en medio de la política neoliberal, en el marco del Consenso de Washington, y cuando todos los países de la región adherían a las ideas liberales, de libre mercado, Argentina decidió resignar sus recursos petroleros y “entregarlos” lisa y llanamente a la actividad privada. Este recurso, el petrolero, es el único que el resto de los países de la región no entrego. Y fue así en la región, porque el petróleo es un recurso estratégico para la economía de un país, y mas para un país en desarrollo. Estratégico por lo que significa para la Industria y el Transporte, pero también como fuente de recursos y de divisas.
De hecho, esto último es el nudo de la discusión. Por años, la empresa española se dedico a usufructuar las ganancias de los pozos argentinos, utilizando esos fondos para ampliar su horizonte de negocios a Mongolia, Argelia, Malasia, en lugar de reinvertir en Argentina para sostener el horizonte de reservas nacionales. Es lógico que así sea, ya que se trata de una empresa privada, que vela por sus propios intereses, y no por los del bienestar del país.
Ese es el argumento más fuerte del Gobierno. Y es la razón por la que el consenso mayoritario en el arco político y en la sociedad toda, no se hizo esperar.
Huelga decir, que la YPF que el Gobierno recupera, no es la YPF que se privatizo en los 90, sino solo una parte de ella. Verdad también que en el nuevo proceso será necesario invertir, y que el Gobierno deberá utilizar recursos propios, o abrir el juego a capitales privados que se asocien a la aventura de explorar en búsqueda de nuevos yacimientos, bajo la orbita de la gestión pública.
Será un proceso largo, pero el camino elegido implica que en los próximos años, las áreas petroleras de las provincias, irán volviendo de a poco a manos de YPF, y que los próximos años, se irá reconfigurando el mapa de concesiones, a favor de la empresa estatal.
Es por ello que la medida afecta no solo el presente, sino que lleva intrínseca una importante cuota de Futuro.
Futuro que estará signado por un mayor grado de libertad e independencia a la hora de llevar adelante una política de crecimiento y desarrollo sostenido. Futuro en el que las ganancias producidas por los pozos argentinos, quedaran en Argentina, y donde la gerencia estratégica del recurso energético, priorizará el desarrollo y el crecimiento del país, por sobre la rentabilidad de los accionistas.
Es la razón por la que la estatización de YPF se parece bastante a la saga de Spielberg: Estatizar YPF es VOLVER AL FUTURO…
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Muy bueno Profesor Pennizzoto!
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