4.5.12
La Corrupción que supimos conseguir...
Cuando un grupo de personas logra la administración de una Organización (Empresa, Gobierno, ONG, Instituciones Sociales, Etc), lo cual conlleva indefectiblemente el manejo de los recursos producto de la actividad de esa organización, y máxime cuando este grupo de personas logra continuidad en dicha administración, una palabra comienza a sobrevolar el ambiente: “CORRUPCION”.
El Diccionario de la Real Academia define CORRUPCIÓN: Der. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.
Si bien el concepto se aplica a distintos tipos de grupos humanos con fines en común y estructura para alcanzarlos (Organizaciones), generalmente se habla de Corrupción, a la hora de analizar al gobierno de turno.
Si entendemos que un gobierno debe siempre velar por el “bien común”, entonces la corrupción entendida en el sentido de la acepción del diccionario, es detestable, en tanto usa los recursos de todos, en provecho de unos pocos, siendo esos pocos los encargados de administrar esos recursos para “el bien común”. O sea, generalmente es difícil que alguien pueda controlar al que es encargado de asignar los recursos públicos, lo que confiere al funcionario corrupto, un cierto grado de impunidad, por mas que esta sea temporal.
Podríamos decir que el acto de corrupción en la administración publica, es un delito por partida doble:
En primer lugar, el “enriquecimiento ilícito”, producto del manejo de los fondos públicos y sus resortes en beneficio propio y de terceros (generalmente amigos del poder). Este es el delito habitualmente mas visible, y por lo general, el que tarde o temprano termina por ser expuesto, y algunas veces, efectivamente condenado.
Pero en segundo lugar, existe otro delito, del cual pocas veces se habla. Se trata del “empobrecimiento implícito” que genera la no utilización de los fondos públicos para los fines para los cuales fueron recaudados/obtenidos. Los fondos que van a parar a la cuenta del funcionario, dejan de ser utilizados en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos (vía su aplicación en gasto de salud, educación, infraestructura, etc.). Esto implica un Costo de Oportunidad Social, en tanto hay gente que deja de recibir el beneficio de esos fondos no aplicados, y ese Costo de Oportunidad Social, es generalmente, infinitamente mayor al rédito personal que recibe el funcionario corrupto al apropiarse de los fondos públicos.
En definitiva, siempre que un funcionario se corrompe, no solo comete un delito individual, que lo compromete a él mismo, sino que provoca un daño mucho más grave y duradero, en tanto se despilfarran los recursos del estado.
Una vez dicho esto, y yendo a las cuestiones cotidianas y actuales, es habitual escuchar en estos días, criticas al gobierno, por distintos actos de corrupción.
Sin embargo, vale decir también, que no es ni el primero ni el último de los gobiernos acusados de actos de corrupción. Es mas, yendo un poco mas lejos, tampoco es cierto que la corrupción sea un invento “Made in Argentina”. La historia esta llena de casos de corrupción, en los distintos puntos del planeta, con distintos idiomas y las más diversas expresiones culturales. Y puntualmente en nuestro país, la historia reciente, con distintas marcas ideológicas en cada década, también ha escrito innumerables historias de corrupción.
Me atrevo a decir entonces, que la corrupción no es patrimonio de un país, ni de un partido político, ni de una ideología en particular, ni un problema cultural. La corrupción es propia del ser humano. El ser humano en tanto adquiere poder, se corrompe. Es propio de las personas, de cualquier religión, raza, color o idioma. Es la naturaleza del hombre, la que lo lleva a velar más por sus propios intereses que por el bien común.
Es por ello que vale separar, a la hora de analizar las políticas llevadas a cabo por el estado. Por un lado, las personas, como funcionarios, representantes del estado, pero personas al fin. Y por otro lado, el Estado (con mayúscula); esa organización macro, con poder de policía, de coerción y de justicia, que la faculta para tomar decisiones que afectan la vida de la sociedad toda, redistribuyendo recursos según considera conveniente.
En este marco, los funcionarios corruptos, como individuos, merecen ser castigados con todo el peso de la ley, por los dos delitos antes mencionados.
Pero a la vez, las Políticas del Estado, merecen ser analizadas desde otro lugar, abstrayendo el análisis, de la conducta de los funcionarios. Las políticas públicas debieran analizarse en base a la capacidad que tienen de modificar para bien o para mal la calidad de vida de los ciudadanos.
Mirando el accionar del estado con esta óptica, una política no es buena o mala por el accionar del funcionario, sino que su calidad se mide por el efecto que causa la o las medidas en cuestión, en aquello para lo que las medidas fueron diseñadas.
Es la razón por la cual “la calle” suele denostar la política, sea del color que sea: “son todos una manga de corruptos”, “que se vayan todos…”
Pero también inexorablemente, la organización social debe seguir funcionando, y una y otra vez los ciudadanos vuelven a elegir a los representantes que mas tarde “la calle” denosta. Los políticos pasan (incluso mueren), pero el Estado, como institución, queda, junto a las políticas aplicadas. Este fue el argumento con el cual, el Diputado Ricardo Alfonsín, justificó su apoyo a la expropiación de YPF, aun estando en las antípodas ideológicas del gobierno de turno. Es que este gobierno también pasará, y aquel que tenga que administrar el Estado en el futuro, contará con una herramienta indispensable como es el manejo de los hidrocarburos. El argumento fue: “Hay que separar al Estado como institución, de las personas que ocasionalmente lo gestionan”.
La evaluación que se puede hacer del resultado de un proceso político económico, cambia así sustantivamente.
Desde este lugar, y parados sobre esta premisa fundamental, es que la comparación entre el proceso actual que vive el país, en comparación con procesos anteriores, cobra mayor relevancia. Es en este marco que la Asignación Universal por Hijo se valora como un instrumento capaz de transformar un subsidio directo como era el Plan Trabajar, cuya contraprestación era ir al piquete, en otro cuya contraprestación es llevar los chicos al colegio, provocando un aumento sustantivo en la escolaridad.
Es desde ese lugar que se valora la reducción del ratio Deuda/PBI, el cual pasó del 120% al 45% en solo diez años, con el agregado de que la deuda esta nominada en pesos en un 70%, con lo cual la dependencia de los avatares externos se ha reducido notablemente. Prueba de ello es lo poco que se ha sentido en la economía domestica, la fenomenal crisis que viven los países europeos.
Es desde esa mirada, que se valora sobremanera la reducción del desempleo ocurrida en Argentina durante los últimos 10 años, pasando del 20% al 7%, permitiendo que la gente se dignifique a través del trabajo.
Es en este contexto que el crecimiento sustantivo que la economía experimentó en los últimos diez años, cobra relevancia. El crecimiento sostenido del 9% promedio al año, no solo es una quimera en otros lugares del mundo, sino que es caso de estudio en las universidades del mundo bajo el título “el milagro argentino”.
En conclusión. No caben dudas de que en el presente, al igual que en el pasado, sobran casos de corrupción, los cuales deben ser perseguidos y castigados.
Sin embargo, es injusto e impropio, caracterizar la calidad de las políticas por la conducta de los funcionarios. Es mucho mas constructivo y productivo, analizar la forma en que las distintas políticas le cambian la vida a la gente, dejando para un análisis en otro ámbito la corrupción que supimos conseguir…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario