22.6.12

DEJA VU: Esto ya lo vi!!

Entre el año 2003 y el año 2008, el gobierno nacional conto con un socio estratégico. El Campo. En dicho periodo, se logro aumentar las exportaciones agropecuarias en un 200%, y las exportaciones totales un 175%. El país salía de una de las peores crisis económico-político-institucionales de las que se tenga memoria, y habiendo tocado fondo, fueron años de crecimiento explosivo. Durante la década anterior, el Tipo de Cambio Real atrasado artificialmente, había socavado las bases de la rentabilidad agrícola, a niveles insoportablemente bajos para los pequeños y medianos productores, concentrando la propiedad de la tierra en pocas manos. Con la devaluación de 2001, el esquema de competitividad se volvió atractivo nuevamente para la actividad agrícola – ganadera, y el nuevo gobierno, nacido en 2003 con muy escaso apoyo popular, encontró en el campo el socio ideal para su nuevo modelo de tres patas: Superávit Fiscal, Superávit Comercial, Consumo Interno. Las tres patas eran en realidad una sola: El Superávit Comercial basado en las agroexportaciones, permitía al estado recaudar formidables montos en concepto de retenciones a las exportaciones, con las cuales financiar la Demanda Interna para Consumo. El IDILIO duro hasta principios de 2008. Ese año, la cotización de la tonelada de Soja, comenzó a subir inusitadamente, alcanzando valores cercanos a los u$s 600 por tonelada. El gobierno entendió que era hora de mover el tablero, tocando una de las variables clave del modelo: las retenciones a las exportaciones agrícolas, que habían sido uno de los pilares del modelo. La idea fue un arancel móvil, que aumentaba progresivamente con el valor de la cotización de los granos y bajaba de la misma manera, si la cotización internacional de los granos cedía. Resultado: Un conflicto sin precedentes entre un gobierno y un sector de la economía, que dejo en el camino tres meses de tira y afloje, un feroz lock out corporativo del campo, y un gobierno desgastado al extremo. Lo paradójico es que ninguno de los dos actores de la disputa pudo ver lo que venia: Dos meses después de la caída de la famosa Resolución 125, se desató la mayor crisis económica internacional en 100 años, y el precio de la Soja se desplomó. O sea, el campo hubiera pagado menos con la retenciones móviles que proponía el gobierno, y el gobierno se embarco en un conflicto inútil, que lo desgasto internamente, y frente al resto de la sociedad. Los parecidos con el actual conflicto que el gobierno mantiene con el sector obrero son muchos. Si hay un sector que ha servido de legitimación al gobierno en sus diez años en el poder, ese es el sector obrero, encarnado en la imagen de su líder, el camionero Hugo Moyano. Como ha sucedido a lo largo de la historia con los gobiernos Justicialistas, de Perón en adelante, la base del movimiento son los trabajadores. Esto no es así solo en la retorica. Desde 2003 a esta parte, el gobierno ha hecho innumerables esfuerzos para lograr la recuperación de los derechos laborales, y por la recuperación del salario real y los sucesivos aumentos anuales de salario a fin de mantener el poder adquisitivo logrado, frente al crecimiento de los precios. Ni bien Néstor Kirchner asumió la presidencia, se encargo de la recuperación de los salarios, decretando sucesivos aumentos, hasta conformar un salario real que sustentara el consumo interno (tercera pata del modelo). Por su parte, el líder camionero apoyo a ciegas un modelo que le permitió al movimiento obrero recuperar el brillo perdido en la década anterior, y plantarse políticamente sobre la base de la recuperación de los derechos, con el telón de fondo de la mística peronista de antaño, esa que reza el bienestar popular, la justicia social, y la redistribución de la riqueza. El vínculo pareció estrecharse aun más durante el conflicto con el campo. Dicha disputa pareció separar aun más las aguas entre las clases obrera y terrateniente. Una remake de la vieja disputa entre la oligarquía del Rio de la Plata y los cabecita negra de Evita. Naturalmente, el gobierno se ubicó como el protector de la clase trabajadora y sus derechos, velando por ese estado que se ubica como defensor del pueblo. Sin embargo, el actor clave pronto dejaría acéfala la compañía: Néstor Kirchner. El ex presidente actuaba de elemento aglutinante en el movimiento Justicialista. Solo su figura era capaz de reunir en una misma mesa a Hugo Moyano y Cristina Fernández. La presidenta nunca simpatizo con el líder obrero. Y con la desaparición física de su marido, muchos gestos comenzaron a sincerarse. La convivencia mutua fue inevitable hasta Octubre de 2011. Ambos sacaron cuentas y entendieron que era conveniente mantener la alianza hasta las elecciones. Pero luego del acto electivo, las diferencias se crisparon. Moyano fue entendiendo de a poco que Cristina le soltó la mano. Los lugares que le asignaron a los dirigentes gremiales dentro de las listas del Frente para la Victoria fueron escasos. Y las pretensiones de Moyano de levantar el perfil político con vistas a una posible candidatura en 2015, irritaron el entorno presidencial. Un nuevo IDILIO termino: El gobierno apeló al contacto con el sector menos afecto a Moyano dentro del movimiento obrero con un solo objetivo: Reemplazar al Camionero. Moyano entendió esto como el inicio de una guerra, y el conflicto se desató. En medio de un reclamo justo: La Suba del Mínimo No Imponible del Impuesto a las Ganancias, que a decir verdad la CGT ya planteaba durante toda la campaña electoral en 2011, la pelea de fondo dista de ser una disputa por los derechos de los trabajadores. Lo que realmente tiene lugar en el escenario actual es una MEDICION DE FUERZAS. La pelea tiene que ver mas con un juego de cincha entre dos ex socios que conocen bien las virtudes y defectos del otro, que con un verdadero interés en el beneficio de los obreros. DEJA VU: Esto ya lo vi!! Las coincidencias con aquel invierno del 2008 son increíbles. Otra vez el gobierno deshaciéndose de un socio de los mas cercanos hasta ayer nomas. Otra vez con un conflicto que pareciera bastante más sencillo de resolver que lo que indican las sobreactuaciones de un lado y del otro. Otra vez la gente de rehén. Otra vez inmersos en un escenario económico global convulsionado (esta vez quizá mucho mas gravemente convulsionado que hace cuatro años). Si aquello de 2008 quiso ser una medición de fuerzas, el tiempo demostró que el ganador claramente fue el gobierno, al que todos daban por muerto luego de las legislativas de 2009, y que cosecho un apoyo popular masivo en 2011. Sin embargo, no creo que le convenga al gobierno tensar la cuerda al extremo, como en aquella ocasión. Se trata en este caso, nada menos que del sector obrero. Aquel que ha legitimado una y otra vez la actual conducción.

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