31.7.12

LA INFLACION ¿UN VERDADERO PROBLEMA?

La formación de precios en una economía es un fenómeno difícil de explicar con modelos simples o a través de unas pocas variables. Más bien es un proceso en el cual los distintos agentes de la economía, interactúan en un juego de acción y reacción, de acuerdo al contexto económico, las políticas aplicadas por el gobierno, y las expectativas que forman el resto de los agentes en base a ellas. En los últimos meses, el debate acerca de la inflación en Argentina pareciera haber recrudecido. ¿Es realmente tan alarmante la situación en torno al nivel de precios? A lo largo de la historia, el problema de la inflación ha sido abordado recurrentemente por las distintas escuelas económicas. Y si bien las distintas visiones acerca de la causa por la que el nivel general de precios crece difieren entre si, la realidad indica que cada un de las escuelas aporta una de las distintas caras del mismo fenómeno. Los “Monetaristas”, con Friedman como máximo exponente, identifican el flagelo inflacionario como un problema meramente monetario. Asumen un mundo con economías en pleno empleo de su capacidad productiva y en competencia perfecta. Subyace a este razonamiento, la teoría cuantitativa del dinero: M*V=P*Q Donde M= Stock de dinero nominal; V= Velocidad de circulación del dinero; P= Precios; Q= Producto. La teoría cuantitativa plantea una simplificación de la economía. En este mundo teórico, en el cual el dinero se demanda para transacciones, el stock monetario, y el nivel de producto, guardan estrecha relación. Si la velocidad de circulación de dinero es constante, y si la economía alcanzó el pleno empleo, un exceso de oferta de dinero (o una política monetaria expansiva) ajustará vía una suba en el nivel de precios. La inflación sobreviene entonces debido a excesos de demanda de bienes y servicios, los cuales conllevan un exceso de oferta de dinero, y por ende a una suba de precios. Así, si un país con déficit fiscal elevado decide financiar el mismo con emisión monetaria, se generará una presión al alza sobre el nivel de precios. Por otra parte, la escuela “Estructuralista”, con fuerte base en la CEPAL, postula que las economías latinoamericanas no pueden ser analizadas siguiendo los supuestos de la teoría monetarista. Lo primero que señalan, es que los supuestos de pleno empleo y competencia perfecta no se cumplen en estas economías. Intentan por lo tanto explicar las causas de la inflación desde tópicos diferentes a los monetarios. Abordan entonces el problema desde las rigideces de la Oferta y las fallas de mercado. Los precios nominales en estas economías, son “de ajuste lento” o rígidos a la baja y esta es la clave de la visión estructuralista. El foco de esta corriente esta puesto en la puja social por los ingresos. Cada sector lucha por defender su porción de la torta y reclama al gobierno “sin mirar” lo que sucede alrededor, presionando al estado para que incline la balanza de la distribución de la riqueza a su favor. Generalmente esto termina con estados que incurren en cuantiosos niveles de déficit fiscal, los cuales deben ser financiados con emisión monetaria, agravando la tensión de precios. Otra visión al respecto es la que aporta la teoría de las “Expectativas Racionales”, la cual indica que los agentes económicos ajustan su comportamiento temporal, de acuerdo al cúmulo de información con el que cuentan. Los agentes analizan toda la información (pasada y presente), y ajustan su comportamiento (precios) de acuerdo a dicho análisis. Si los individuos observan que en el pasado determinadas políticas han dado lugar a subas en el nivel general de precios, y esas mismas políticas suceden en el presente, se crean una expectativa propia (pronóstico) acerca de la evolución futura del nivel de precios, y no tardaran en anticiparse, ajustando su comportamiento, afectando el nivel de precios y provocando (al actuar en conjunto con los demás agentes) el cumplimiento de su propio pronóstico. Cada una de estas visiones aporta una parte de la verdad, y permite explicar una parte de la realidad. Todas ellas confluyen en un mismo flagelo: Inflación. Todas ellas sirven para comprender un poco más la situación económica actual en nuestro país, Argentina. No cabe duda, que los analistas habituales, tienen la visión monetarista a flor de piel. Su habitual explicación para el actual contexto inflacionario, radica en la política monetaria expansionista que el gobierno K ha venido aplicando desde el comienzo de su mandato en 2003. Esta visión, considera un error garrafal, que el gobierno se financie con emisión monetaria, lo cual (según su retórica) termina siendo “distorsivo”, y fomenta el desmadre del gasto público. Más allá de las cuestiones ideológicas, hay que reconocer que una parte de verdad hay en el planteo: De un tiempo a esta parte, la economía nacional ha reducido notablemente los niveles de desempleo. Tasas del 6 o 7%de desempleo, se asemejan mucho al pleno empleo, en economías como la nuestra. Es por ello que la visión monetarista cobra relevancia. En un contexto como este, no hay dudas que la expansión monetaria se trasladará (al menos en parte) al nivel de precios. Reconocer esta dificultad en cuanto al traslado a precios de la emisión monetaria, implica también reconocer las ventajas de gozar de tasas de desempleo de un digito, cuando en el viejo mundo, las tasas de desocupación superan el 20%. Pero también es verdad, que la visión estructuralista explica con cierto atino lo ocurrido en nuestro país en tiempos recientes. La lucha por mantener el salario real ha ocupado el centro de la escena en los últimos ocho años. Y es lógico que así sea. El impuesto inflacionario, socava el poder adquisitivo de los trabajadores, y estos tienen una sola mirada: la de su billetera. Por lo tanto su único interés, radica en mantener el poder de compra de su salario. Esto provoca tensiones sociales permanentes, y lleva al gobierno a incrementar el gasto, y la necesidad de emitir para financiarlo. El gobierno kirchnerista ha sabido administrar bien el conflicto social. Y no solo eso, sino que desde el inicio, se ha preocupado de trabajar para sostener el salario real, consciente del flagelo inflacionario (mas allá de la estrategia de minimizar la inflación con las mediciones del INDEC, lo cual tiene que ver mas con los bonos de deuda indexados por inflación, que con la realidad interna del país). Lo primero que hizo Néstor Kirchner ni bien asumió la presidencia, fue decretar aumentos salariales, a fin de lograr la recuperación de los salarios. Y luego año a año, la administración K ha sabido homologar aumentos salariales del 20-25% promedio, a fin de que los ingresos no le pierdan pisada a los precios. Las Expectativas Racionales por su parte, también aportan su costado cierto a la evolución reciente de los precios. Con un paréntesis en 2009, la realidad indica que en los últimos ocho años, la inflación se ha situado en un 25% anual promedio. Los agentes económicos no desconocen esta tendencia. Al contrario. La han internalizado. Todos los contratos, los convenios laborales, las transacciones financieras, todos los precios de la economía, se ajustan al 25% anual, desde hace tiempo. Si bien la indexación esta prohibida por ley, los contratos a mediano plazo (los de alquiler por ejemplo), incorporan antes de su firma, la previsión del crecimiento en el nivel de precios. Las expectativas de los agentes se ajustan de acuerdo a los sucesos económicos recientes, y terminan internalizando la pauta del crecimiento de precios, fortaleciendo así la tendencia. Más allá de las explicaciones posibles acerca del fenómeno en los años recientes, surgen varias preguntas: ¿Niega el gobierno la existencia de la inflación? En primer lugar vale decir, que el gobierno no desconoce la situación. Es mas, la reconoce. Sucede que la evaluación que hace el gobierno, implica que la inflación es un costo a pagar, para sostener otros objetivos que se evalúan como prioritarios. Durante los años recientes, fue el costo a pagar a fin de sostener las tasas de crecimiento promedio del 9% que se registraron de 2004 a 2011, alcanzando el mayor proceso de crecimiento económico de los últimos 50 años. Cierto es que el gobierno se ha financiado y se financia vía emisión monetaria. ¿Es eso un error? Puede parecerlo en términos del nivel de inflación. Sin embargo, nadie puede discutir los resultados en términos del nivel de deuda. La deuda pública nacional que alcanzaba el 138% de PBI en 2003, hoy solo llega al 40%. La política de desendeudamiento llevada a cabo, le da al país cuantiosos grados de libertad en materia económica, los cuales no estaban presentes en otra época reciente. Lógicamente, el principal cuestionamiento radica en el uso discrecional del gasto, con fines puramente políticos. Puede ser cierto. Pero eso no puede opacar ni por asomo los logros obtenidos en materia económica durante la última década. En momentos donde los países del Viejo Continente hacen fila para solicitar asistencia financiera, Argentina goza de ser cada vez menos dependiente de los mercados financieros, en parte gracias a las “políticas incorrectas” de financiamiento con emisión monetaria. ¿Puede disparase la inflación? Nada hace pensar que así sea. Lejos esta el país de vivir situaciones similares a las de fines de los años 80, las cuales son caracterizadas como “hiperinflación”. Todo indica que el año cerrará nuevamente con una inflación en el rango del 25-30%. A todas luces nada que no haya ocurrido ya en los últimos ocho años. ¿Qué es lo extraordinario en 2012? La luz de alarma se enciende, porque el nivel de actividad se ha desacelerado. Ya no creceremos al 8% como el año anterior. La novedad es que a pesar de ello, el nivel de precios ha mantenido la tendencia alcista de años anteriores. He aquí el peligro. Vale recordar que el año 2009, en el cual se dio el último periodo de desaceleración como rebote de la crisis internacional de fines de 2008, vino acompañado por una desaceleración en el nivel de precios. Este escenario no es el actual. Sumado a esto, la restricción a las importaciones, y el cepo cambiario, no hicieron mas que fomentar la tendencia al crecimiento de los precios. Es en este contexto que se vuelve peligroso seguir usando la “maquinita” para financiar el gasto con emisión. El gobierno lo sabe. De hecho la emisión ha menguado durante los últimos dos meses. Pero así y todo es claro que el gobierno no desistirá de las políticas de fomento a la demanda (vía consumo), en la medida de lo posible. Sabe también el gobierno, que si bien la actividad ha menguado, la situación actual no es de recesión ni mucho menos. Sin duda se crecerá menos, pero Argentina cerrará 2012 con un crecimiento del PBI del 2% en el peor de los casos. Esta claro que la inflación no es agradable. Esta claro que el impuesto inflacionario es sumamente regresivo, y que afecta principalmente a los que menos tienen. Pero como siempre menciono, alguien puede pagar el pan 25% mas caro cada año si sus ingresos crecen un 25% cada año, pero alguien que no tiene trabajo, no puede comprar pan (si hay dudas, consultar en España). Esta claro el gobierno no abandonará sus banderas: Mercado interno, Producción Nacional, Empleo y Consumo. Aun si sostener dichas banderas es a costa de un nivel de inflación del 25-30% el cual ya ha sido incorporado a las expectativas de los agentes. Aun si es necesario seguir financiándose con emisión monetaria. Esta claro que el problema de la inflación suele estar bastante “inflado” por los analistas, que soslayan la verdadera razón de la inflación de los últimos años: Argentina ha avanzado 10 casilleros de golpe.

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